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domingo, 12 de julio de 2009

Conocienendo a papá Dios- Andrés Parreño




Andrés Parreño, líder del Ministerio de Universitarios, contó que en el CF1 aprendió a conocer a Dios como papá y a experimentar su amor. Gracias a esto, ya no lo ve como un dios lejano que aveces se ocupa de sus cosas, ahora sabe que Dios lo cuida, lo proteje y que lo ama pase lo que pase.

video: Natalia Echezuría

viernes, 10 de julio de 2009

Testimonio personal- Andrés Parreño

Mi nombre es Andrés Parreño, soy el segundo hijo de Juan y Elena.
Cuando era pequeño mi padre salió del país a realizar un postgrado en el extranjero, mi mamá trabajaba y entonces no pase mucho tiempo con mis padres, no porque no hayan querido, sino por la situación que atravesabamos en mi familia. Eso causó en mí una sensación de falta de afecto y aprendí a llenar ese vacio de otras formas. Me dediqué a contar chistes, principalmente en las reuniones de los adultos, y me hacían sentir bien durante un rato. Eso me llevó a buscar agradar a las personas y a hacer compromisos que no podía cumplir. Además, cuando debía afrontar momentos en los que tenía que tomar decisiones se me dificultaba mucho porque no lograba escoger algo que le agradara a todos, eso me llenaba de culpa y de desaprobación propia.

En cierta edad llegué a sentir el llamado de servirle a Dios como sacerdote religioso, pero no lo hice por el temor al que dirán y por la curiosidad de tener una familia. Eso me lleno de culpa. Buscaba a Dios a la manera que yo conocía, pero algo no engranaba. Cierto día una chica desconocida me preguntó si quería saber lo que Dios tenía preparado para mi vida; sonriendo le dije que sí. Realicé una pequeña oración en la que dije: "Señor Jesucristo, yo te necesito, reconozco que diste tu vida en la cruz por mis pecados, te abro la puerta de mi corazón, entra a mi vida como Señor y Salvador y haz de mi la persona que Tú quieres que yo sea. Amén". De ahí en adelante pude acercarme a la Biblia de otra manera, pude entender que era lo que Dios me decía y que Él dice que a sus ojos soy de gran estima, honorable, que me ama y que dará hombres por mí y naciones por mi vida. Ahora puedo decidir amarme a mí mismo y a los demás con el gran amor con el que él me ama.
Gracias a Dios he aprendido a tomar decisiones como la de restaurar mi relación con mis padres, puede decirles que estaba resentido con ellos, les pedí perdón, quería que supieran que los amo y que les pedía su bedición. Esa decisión me llevo a escuchar una expresión de amor que no había escuchado antes de mis padres: yo te amo y te bendigo.

Foto otrogada por Andrés Parreño

domingo, 5 de julio de 2009

Vivir por prioridades- Pamela Torres


Pamela Torres compartió su testimonio sobre lo que aprendió en el curso de formación básica que realizó. Contó cómo había logrado realizar todas las actividades que tenía que hacer en un momento lleno de responsabilidades y, además, aprovechó para contar que logró cumplirlo todo de manera perfecta cuando entendió que debía vivir por prioridades y no por presión.



Video: Natalia Echezuría

martes, 30 de junio de 2009

Testimonio personal- Pamela Torres

Soy Pamela, hija de Dios y su escogida para servirle y darle la gloria por todo lo que ha hecho en mi vida.

Antes de que decidiera escuchar y seguir el llamado de Dios yo era una persona buena, normal, tenía mis amigos, académicamente me iba bien y en mi familia todo marchaba en orden. Como me consideraba buena, establecí ciertos parámetros básicos para mi vida, eran cosas que uno dice que nunca en la vida va a hacer y que no entiende como personas "malas" pueden realizar.

Sin embargo, rompí una de esas reglas de moralidad que me había impuesto y desde ese instante mi vida cambió por completo. Dejé de considerarme buena y me convertí en una persona soitaria, llena de miedos, de conflicots y de resentimientos; la culpa me pesaba tanto que ni siquiera podía levantar la cabeza y tampoco quería levantarme de la cama.

Como mi familia participó de mi error pasamos de ser unidos a un grupo de personas que vive bajo el mismo techo pero que no sabe nada del otro. Seguimos terapias con psicólogos y tratamos de conversar, pero nada funcionaba. Me sentí cada vez más culpable de lo que sucedía y para sobrellevar la situación me refugié en mi novio de ese entonces, lo convertí en lo más importante de mi vida y creí que gracias a él mis heridas habían sanado.

De repente, mi relación sentimental terminó y otra vez me vi sumida en la desesperación y en la tristeza. Volvieron las peleas en mi casa, las bajas notas en la universidad y la culpa que no me dejaba en paz.

Cuando me encontraba así, Dios utilizó a uno de sus hijos para darme sus palabras de amor. Solo él logró darme la paz que tanto necesitaba y que sobrepasa todo entendimiento. Además, despertó curiosidad en mí y decidí asistir por primera vez a una reunión cristiana, en ella Dios me regaló un versículo que dice que nosotros no lo escogimos a él sino que él nos eligió a nosotros. Entendí que Dios me estaba llamando y que tenía planes para mí por lo que me dispuse a colaborar en todo y a aprender. Como quería que esta nueva vida sea algo permanente, oré pidiéndole al Señor que entrara en mi vida y que hiciera de mí la persona que él quiere.

Después de esa oración mi vida volvió a cambiar. Dios me fue enamorando cada día más de él, poco a poco restauró la relación con mi familia, me enseñó a perdonar y a apropiarme de su perdón. Los problemas no desaparecieron, pero ahora los puedo vencer.

Foto: David Sánchez

lunes, 29 de junio de 2009

Testimonio personal- Raquel Armijos

A lo largo de mi vida siemrpe me consideré la hija mimada de Dios porque a pesar de tantos problemas siempre fui una persona muy afortunada. Sin embargo, problemas famililares como el divorcio de mis padres, el vivir con mis abuelos y ver a mi madre dos veces al año provocaron un vacío en mi vida que con el pasar de mi adolescencia se fue conviritiéndo en rebeldía.

A pesar que estudiaba en un colegio cristiano donde nos dijeron cómo recibir a Cristo, no lo hice de corazón y lo que nos enseñaban, para mí, era solo una hora de clase más.

Al cursar mis primeros años de universidad, después de la semana de exámenes, mi mamá me propuso un viaje a Cali yo sola, así que acepté. Llegó el día del viaje, me subí a una 'Panamericana' y, al partir, un señor se subió a orar (algo que me extrañó completamente, pero que preferí ignorar), pusieron un par de canciones cristianas, pero yo permanecí indiferente; al hablar con mi compañera de asiento me enteré que ibamos a un campamento cristiano y en ese momento decidí bajarme, pero ya era demasiado tarde.

Tras un largo viaje por fin llegamos y todo lo que hacía me parecía terrible, aburrido y le vi todos los contras posibles. Al final de la semana, el último tema que se dio en la noche me llegó muchísimo; una amiga oró por mí y me quebranté muchísimo. Esa noche volví a recibir a Jesús en mi corazón, esta vez sinceramente, le pedí a Cristo que entrara en mi vida y a partir de ese día mi vida cambió totalmente.

Al comienzo creí que todo sería hermoso y que no volvería a tener problemas, pero esto no fue así ,sino que apartentemente perdí en todo aspecto: un semestre en la universidad, mis amigos, mi novio. Pasó el tiempo y Dios mismo se encargó de mostrarme que todo lo que perdí alguna vez era necesario para mi formación.

Ahora sí puedo decir que tengo un antes y un después de Cristo. Un antes marcado por un vacío en mi vida y un después donde Dios es mi primer amor, un padre amoroso y un amigo incondicional. Desde que le entregué el control de mi vida todo ha marchado bien, tengo una linda relación con mi familia, unos amigos que realmente valen la pena, una relación con mi novio en la cual nuestro amor va en tres direcciones: ambos tenemos la vista puesta en Dios, tengo éxito en el nivel académico en el que anhelo ser una mujer profesional que aporte a esta sociedad con conocimiento y como un instrumento de Dios.



Foto: Cristina Pintado